viejos Navegantes le daban la Bienvenida a nuevos Navegantes.
Los Poetas y las bailarinas hicieron su aparición como una poderosa invención del Deseo y la Iluminación.
Allí estaban ellos, imortalizados dentro de sus fracs azules y marchando con cierta tonicidad y autoridad que les permitía alegrarse de su Destino. Cantaban: La Palabra había dejado de ser la alegoría de la Vida, habían logrado que la Vida fuese La Palabra. Y mientras reían, sus voces de trompetas polifónicas se polarizaban en la inminente Realización que ascendía desde sus plexos.
Los Iluminados iban tomados de la mano con bailarinas que surgían desde los Cuatro Puntos Cardinales y cuyos vestidos, ajustados al cuerpo y livianos como plumas, parecían deshacerse entre los brazos de ellos.
Percibiendo la conexión, ellas danzaban como delicadas corrientes alrededor de los Poetas hasta que los transportaron a las primeras plataformas en forma de cálidas serpentinas de pies, cinturas, muslos y cabellos cuyas armonías se perdían y se reencontraban alternadamente; concibieron un Podio o Fuente proteica desde donde Elevaron a los Poetas hacia las terrazas encendidas.
El Principal de los Once, Dinaydartha, también llamado el Cazador de Dragones,
porque perseguía y atrapaba a estos seres hasta convertirlos en Aliados suyos, fue el primero en darse cuenta que allí los esperaban otro grupo de bailarinas que superaban en número a las anteriores.
El color bermejo de sus vestidos se asemejaba al fuego sexual que suele verse en el rostro de las mujeres que no temen decir lo que piensan y hacer lo que dicen.
Dinaydartha, al mismo tiempo que abrazaba a una de las tantas jóvenes que los rodeaba cíclicamente, pensó que ese Fuego no era diferente del Deseo que los Poetas destinan a su Propia Divinidad.















































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