
Cuando su padre descubrió
cuál era el dolor
que lo ponía de rodillas ante mí,
apareció como un mal espíritu
dispuesto a no consumirse en el Infierno.
Su lengua arreciaba, chamuyaba sin ley.
En su idioma y en el mío,
le dije que su actitud era
la de un carpintero que tallaba
un diamante y persistía,
que intentaba beber de un pozo
que él mismo había secado.
_
Me protegí utilizando las palabras
que aparecen en el transcurso
de toda gran Invocación,
y hallé a mi Tótem alineado
con las Entidades que administran
los Frutos de esta Tierra.
_
Finalmente, lo eché y ocupé mi lugar.
Su hija lloró pero me prefirió
cuando su padre
ya no pudo conmoverla.
Desde entonces, mi Arte es como el Agua:
lo dedico a que el Cielo Inicie a la Tierra.

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